Lluvia, nieve, frío…¡juego!

Según dónde vives y qué clima te rodea, jugar al aire libre está limitado solamente para los días de sol.

Y de ahí decimos ‘qué mal día hace’ cuando llueve o ‘hoy no salimos a la calle que hace frío’.

Con ese miedo a que los niños se ensucien demasiado, se mojen y enfermen.

Pero no hay nada más divertido que los charcos del otoño y la lluvia helada del invierno.

Si les quitamos la oportunidad de jugar en la lluvia, les estamos quitando también la oportunidad de sentir el frío igual que sienten el calor en verano. Saben así que si hace frío o llueve tenemos que ponernos determinada ropa. Y aprenden a diferenciar bien las estaciones desde muy pequeños viviéndolas a diario y no a través de la ventana.

Si les mostramos que aún con lluvia podemos seguir haciendo cosas, que el clima no es un impedimento para estar activos, que el frío también se puede disfrutar, también les mostramos la importancia de saber adaptarse a los cambios que la vida te va a poner delante.

Además de que la forma y la textura de la arena cambia cuando hace calor o cuando hace frío o se moja. Surgen nuevos juegos que el calor no facilita. ¡Y eso también se lo perderían!

De adultos asociamos la lluvia y el frío al mal tiempo. Y conseguimos un ambiente negativo e incluso triste alrededor. Cuando hace frío o llueve la mayoría de los adultos nos pasamos el día protestando y gruñendo: ‘qué día más malo’, ‘qué día más feo’, ‘a ver si sale el sol que podamos hacer algo’, ‘qué ganas de que se acabe el invierno’…

Y si escuchamos lo que los niños dicen por detrás nuestro es: ‘llueve! Bien! Charcos!’, ‘qué frío! Bien! Bufanda y guantes!’.

Ellos de forma natural viven el día a día con un disfrute innato a lo que sea que la vida les presente. Se adaptan de forma natural. Juegan instintivamente sin depender del clima ni del día o la noche.

Somos nosotros, los adultos, los aguafiestas de turno.

¿Por qué no les dejamos que nos enseñen a mojarnos otra vez? ¿A disfrutar de jugar con el barro y a saltar en los charcos?

Este finde, rozando los 0 grados, nosotros nos dimos nuestro paseo cotidiano por el monte. Bajamos la basura a los contenedores que están en la carretera. Bajamos la leña al porche para que no se mojara y la organizamos. Lloviendo. Y con frío. Se nos helaron las manos y la nariz. Pero no detuvimos nuestra vida por la lluvia ni el frío.

Y fue Luca quién me recordó que daba igual la lluvia. Y el aguanieve. Que no había prisa por llegar a los contenedores. Que antes, había que parar un poquito en el charco grande.

Luca este finde, un momento que abrí la puerta para entrar leña a casa, salió con zapatillas de ir por casa y sin chaqueta a jugar en la arena mientras comenzaba a nevar.

Y no. Los niños no enferman si se mojan un poco aunque haga frío.

El placer de un baño caliente después no tiene precio😊.

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