Y reconectamos.

Entre los últimos rayos de sol del día y el fuego de la chimenea, leemos dos cuentos y llega el cálido sueño de la tarde.

Qué mala hora para que te duermas…

Pero andamos reconciliándonos de una semana de una desconexión brutal. De esas que te remueven tanto que llega el miedo y te paraliza.

Tú y yo somos como esos dos amantes que van aprendiendo juntos. Y, a pesar de todo, y a pesar de tu pronta edad, siempre parece que llega la reconciliación. Charlas que van calando. En los dos.

No estás aquí para salvarme de nada. Ni yo para salvarte a ti.

Estamos para ir sacando cositas de la mochila y sanarlas. No sé muy bien cómo todavía, pero ahí estamos.

Esta puta maternidad, ¿eh? ¡Cómo te planta cara para que espabiles! Aquí ya no hay lugar donde esconderse ni donde huir.

Aquí te lo comes con patatas. Se remueve, asumes y pa’lante.

Esto es lo que hay.

Y encima es un regalo😉

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