¡Salgamos afuera!

Como padres/madres, una de las acciones más radicales y casi rebeldes que podemos llevar a cabo hoy en día es coger a nuestros hijos y sacarlos afuera. Darles tiempo sin prisas y espacio sin límites -excepto el de la seguridad- para jugar, para explorar con libertad. Frecuentemente.

Y es curioso que esto, aparentemente, todos lo sabemos. Todos creemos que lo hacemos, mucho, con nuestros hijos.

Y seguramente, si nos ponemos a contar los momentos, veremos que no.

O no les damos el tiempo al aire libre suficiente. O no les damos la libertad suficiente. O ambas.

Y sino, cuenten cuenten…

Y ahora, de repente, nos encontramos con la maravillosa oportunidad que la COVID-19 nos ha regalado: valorar el tiempo al aire libre. Valorar la naturaleza. Valorar los paseos al sol. Y a la lluvia.

Estuvimos confinados por primera vez en nuestra historia reciente. Y, al salir, nos volvimos locos paseando. Protestábamos porque nuestros niños necesitaban salir a la calle y que les diera el sol. Y jugar. Necesitaban jugar. Mucho. Y estar con sus amigos.

Jugar libremente con sus amigos en el exterior.

¿Verdad?

Durante el verano, es fácil darle a nuestros cuerpos esos ratos al aire libre.

Pero septiembre está a la vuelta de la esquina. Y estamos viviendo un momento de absoluta incertidumbre y de algo de miedo.

Pero los niños, nuestros hijos, esos seres en constante crecimiento físico, mental y emocional, volverán al cole. Y, otra vez, volveremos a coartarles de esa libertad y de ese bienestar que aportan las actividades al aire libre.

Pero, ¿y si sacamos las aulas afuera?

¿Y si aprovechamos este miedo justificado para cambiar nuestros coles?

¿Y si incorporamos un poquito el método de las Escuelas Bosque en nuestro sistema educativo y sacamos las aulas a los parques?

¿Sería tan descabellado que en un momento único como este las aulas fueran al aire libre?

Cuando los niños son muy pequeños, nos volvemos locos preparándoles actividades para que participen utilizando sus manos. Harinas, arenas, jabones, agua, piedras, palos, juguetes de construcción, puzzles…y un sin fin de actividades y juegos manipulativos. Para que aprendan a través de sus manos. Para que desarrollen cierta creatividad e incluso que poco a poco ganen independencia y autonomía a través del juego. Y si son al aire libre, mejor.

Pero, luego, les decimos que para aprender tienen que estar sentados durante mucho tiempo en un aula con dos ventanas. Y, en algunos casos, alejamos las mesas de esas ventanas que les muestran el exterior para que no se distraigan de lo realmente importante.

¿Entonces?

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