Son las 12…

Son las 12 y siento que son las 8 de la tarde.

Son las 12 y no puedo más.

Me despierto temprano para poder levantarme con la tranquilidad que la mañana me aporta. Abro la ventana y entra el aire fresco.

Un café en silencio es pura magia.

Y me siento en mi nueva oficina.

Una mesa de madera antigua restaurada que antes sostenía un jarrón de porcelana es ahora mi mesa de despacho. Ordenador y papeles. Horarios. Nóminas. Facturas y listados de alumnos.

Son las 8 en punto. Tengo un rato hasta que Luca se despierte. Aprovecho y ordeno el caos en el que lo dejé todo anoche.

Emails y whatsapps que se acumulan sin apenas darme cuenta ni de que entran durante el día.

Actualizo hojas de gastos.

Ufff.

¿Por qué en medio del caos pesa más lo negativo? Esto tengo que trabajármelo.

Mantén la calma. Son las 9.00.

El asesor no responde. Están desbordados. Les escribo y les mando un abrazo. Ya contestarán cuando los ERTES Y los impuestos les permitan.

¿Mamá?

¿Mami?

Voy Luca.

Good morning my baby.

Orning mamá.

Y nuestro abrazo eterno.

Es como el café en el silencio de la mañana. Es el único abrazo del día lleno de calma.

¿Quieres desayunar?

¡Chí! anana.

You want a banana?

Chí.

Mientras friego los restos de la cena Luca desayuna. Pongo una lavadora. Qué bien el confinamiento, ya no hace falta lavar tantas veces.

Preparo la comida. Con tiempo. Tranquila. Mientras Luca juega entre la terraza y mis pies. Siempre juega entre mis pies y el resto de la casa.

Barro la cocina, la terraza y el comedor. Ya no me deja pasar el aspirador. El ruido le da de repente un miedo que le hace temblar y lo paraliza.

Suena el móvil.

Mamáááá No. Men. Uar.

Luca, ahora no podemos jugar. Necesito hacer unas cosas primero.

No. No. Uar.

Son las 10.30 y ya empiezo a sentir ansiedad. Me acompaña durante el confinamiento.

Sigo con el móvil.

Hay cambios de horarios. De contratos. De alumnos.

La comida está en el fuego. Por favor, que no me quiten el placer de cocinar sano. Ahora no.

Luca juega por algún rincón del comedor.

Me siento en el ordenador. Me vuelve a gritar enfadado. No le gusta que trabaje cuando estamos juntos. Eso ya nos ha quedado claro. Es un nuevo elemento en nuestra relación y no le gusta. Ni a mi.

Me lleva a su rincón de los juegos. Y jugamos. Un puzzle y otro y otro.

Me trae el ábaco.

What colour is this?

Red.

What colour is this?

Blue.

And…where is the colour pink?

Aquíí.

How many are here Luca? Let’s count them together: one…one, two…two, three…three…

Miennnn!!! 👏🏽👏🏽👏🏽

Ay! La comida! Espera!!

Nooo. Men!!!

Un momento, Luca. ¿Vienes conmigo a la cocina y vemos la comida?

Chí! Chí! Chí!!! Mieennn!

Me ha respondido el asesor. Son las 12.00. Nada está claro. Llamo a un abogado.

¡Mamá men!

Voy Luca. Necesito un rato más y ya.

No entiende. Claro. De repente no me reconoce.

Son las 12 y no puedo más.

Tengo ansiedad.

Tengo que hablar con dos personas, una de mi absoluta confianza y decirles que se quedan sin trabajo. Y con otras dos y decirles que su jornada se reduce.

Qué alguien me ayude por favor porque esto me supera.

Hago dos llamadas. Esta tarde dos más.

¿Qué pasa Luca?

Noooooo. ¿Por qué pintas toda la pared?

Su sonrisa me mata.

Qué más le da a él que el piso no sea nuestro. Con lo bonito que le ha quedado el dibujo…

Jolines, Luca. No, porfa…

¿Quieres comer?

Chí! Chí! Chí! Omer! Ayunar!

Nooo jajaja No vamos a desayunar. Vamos a comer.

¿Llamamos a los abuelos y comemos juntos?

Abo. Abu.

No he terminado de comer. Pero él sí.

Ofá. Pippi.

Nos tumbamos en el sofá y ponemos un capítulo de Pippi Langstrump. Y varios.

Sigo con el móvil y él sin dormirse.

Luca, necesito que te duermas.

Y se duerme.

Corro a enviar los videos a los de Infantil y Primero de Primaria. Y siempre hay algún problema. Siempre. ¿Por qué nada puede salir a la primera fácil y rápido? Uff

Los envío.

Hago las otras dos llamadas.

Necesito un abrazo.

Hay problemas de conexión con uno de los profes. Uff. ¿Otra vez? Intentamos solucionarlo. Cancelo sus clases. Todas. Intento pensar con claridad. Estoy enfadada. Y cansada. Tengo ansiedad. Cancelo sus clases y ya encontraré la solución en otro momento. Ahora voy a hablar con las familias.

Mamá…

Hola michico. ¿Cómo has dormido?

Mien.

Me tumbo con Luca. Y vemos Pippi juntos.

Joder. Aún son las 4.30. Y me acuerdo de que yo no había terminado de comer.

Mamá. Men. Uar.

¿Jugamos?

Chí.

Espera que conteste a esta mami.

Y mientras jugamos con los bloques.

Blue, ellow, red.

¿Por qué ahora solo ve colores por todas partes? Claro. Ha descubierto el nombre y se reafirma verbalizándomelos.

Mira Luca! The giraffe!

Looong neck, mamá.

Yes, she’s got a very long neck. And look! She has a baby. Mami giraffe and baby giraffe.

¿Merendamos?

Chí! Chí!

Y mientras Luca merienda yo ordeno la cocina. No había quitado ni los platos. Y los veo ahora.

Ay madre! Cómo te has puesto! Jaja ¿Nos bañamos?

Chiiiii

¡Espera! ¡La lavadora!

Me ayuda a tender la ropa. Coge las prendas pequeñas, las sacude, me las da. Una pinza. Y otra.

¡Ayyy qué haría yo sin ti que me ayudas tanto!

¿Te puedo dar un abrazo?

Chí.

Thank you.

Se va a jugar. Aprovecho y me siento en el ordenador un rato más.

Las obras de la casica de Cuerna se paralizan. Jolines. Esto también patas arriba.

Mamá men! Uar!

Ahora no puedo, Luca.

Mamááá! Men! Uar!

Lo miro. Y aunque yo tengo la sensación de que no he dejado de hacerle caso en todo el día, él debe sentir todo lo contrario por lo enfadado que está conmigo.

Jugamos otro rato.

Preparo la cena.

Al fin el baño. Tenemos un juego nuevo: mis piernas son una montaña que Luca sube y por las que se tira como en un tobogán al mar.

Incansable.

Hoy cenamos pollo al horno y verduras.

Con el abo y la abu al otro lado del teléfono.

Nos tumbamos en el sofá. Otro descubrimiento del confinamiento. Volvemos a ver Pippi.

En la cama cantamos. ¿Qué cantamos hoy?

Achao.

Bella Ciao?

Chi.

Esta ma..

ñaña…

La cantamos tres veces. Y se duerme.

He dejado el Trankimazin. Me abro una copa de vino blanco. Ceno sentada al ordenador. En este silencio el vino sabe mejor. Leo los feedback diarios de los profes. Y me tumbo en el sofá.

Necesito un puto abrazo.

¿Y mañana?

Mañana todo otra vez. Con la misma intensidad. Si nadie que entre a salvarnos un rato. A acompañarnos en este confinamiento.

Mañana todo otra vez.

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