24 + 24 + 24…

Los primeros días pensaba en la locura que esto es para los niños. En las terribles consecuencias emocionales y psicológicas con las que podemos encontrarnos después dentro de sus cuerpecitos. Esos que no expresan siempre con palabras, pero sí con silencios y con enfados o risas y abrazos.

Pero a medida que pasan los días empiezo a verle de verdad el sentido a todo esto. El sentido en la vida de los niños. El sentido que va a tener todo justamente para sus emociones y su fortaleza.

Desde hace justo dos días no dejo de recibir y leer artículos de pedagogos, psicólogos, maestros, y padres/madres preocupados. Peticiones de plataformas de firmas para pedirle al gobierno que les dejemos salir a la calle.

Y, por una parte, tiene sentido para mi, claro.

Pero…¿de verdad la Vitamina D es tan importante durante un período relativamente corto como este?

Quizás en hogares de familias realmente en riesgo, sin acceso ni siquiera a una ventana…

Pero, ¿el resto?

He leído incluso de dejarlos a salir para hacer deporte. ¿Deporte?

Igual es el momento para darnos cuenta de que tenemos casas que hemos decorado superficialmente y bajo el prisma de un adulto. ¿Por qué no reorganizamos los muebles y montamos un espacio en el comedor para que puedan hacer ese deporte ahí?

Los niños de cualquier edad necesitan ambientes preparados para sus necesidades físicas, emocionales, de desarrollo y de aprendizaje. ¿Por qué no crearlos ahora que es cuando más lo necesitan?

Si les ofrecemos lo que está a nuestro alcance. Si hacemos que nuestra convivencia con ellos sea tranquila, respetuosa, recíproca. Si les damos esos ratos pausados, acompañándolos sin móvil, esos ratos que nunca podemos darnos debido a las prisas y a los horarios. Si creamos un hogar para ellos y no para los adultos. Igual nos damos cuenta de que no necesitan mucho más.

Jugar con nosotros. Rutinas. Jugar solos. Estar solos. Sin prisas ni juicios. En silencio. Con música. Cocinar y comer juntos. Y la siesta. Merendar chocolate. Y bailar en el comedor en el que antes no había espacio para ellos.

¿De verdad creéis que necesitan mucho más?

¿De verdad va a ver unas consecuencias psicológicas en ellos?

¿De verdad van a tener terrores nocturnos?

¿No será parte del miedo que nos están metiendo en el cuerpo? ¿Parte de la manipulación? ¿Parte de su miedo a perder el sistema en el que nos tienen a padres y madres ausentes durante el día trabajando y por la noche cansados para dedicarles un poco de tiempo de calidad de lunes a viernes?

Luca y yo estamos 24 horas juntos. No hablamos con nadie más, excepto un par de videollamadas al día. 24 horas tras otras 24. Intensas. Amorosas. Con subidas y bajadas. Con preocupación. Pero sin encender la tele. Con mimos y con momentos de mucha tensión entre nosotros. Y estamos aprendiendo aún más. De nuestros límites. De echar marcha atrás. Y de poner la quinta. De cuidarnos. De parar de golpe. Y de echar a correr por el pasillo.

Y empiezo a ser feliz.

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