Que no, que no.

Que no, que no. Nonono.

Que la disciplina no tiene nada que ver con la dureza.

Que ser duros con nuestros hijos no va a convertirlos en adultos fuertes.

Que no, que no.

Que es justo todo lo contrario.

¿No lo ves?

Es la empatía. La comprensión.

La conexión con ellos es lo que les va a hacer fuertes.

Es su mirada pillada a tiempo.

Es su “Mamá, men”.

Y su mirada.

Los que hacen que te vuelvas a meter a la ducha y desnudos juguéis un rato juntos. Y cantéis.

“Oto”

“¿Otra canción?”

“Chí”.

Es echarte al suelo con ellos. Aunque tengas la agenda llena y la faena muy atrasada. Y jugar al “peek-a-boo”. Y reír. Hasta que se te pasa un poco la ansiedad.

Eso no es mal educarlos. Ni mal criarlos. Ni hacer todo lo que ellos quieran.

Es transmitirles todo el amor que te queda dentro hoy. Y que te lo devuelvan triplicado.

Cuanto más amor sientan. Cuanto más conectados se encuentren. Cuanta más intimidad contigo vivan…

Más de lo mismo serán capaces de ofrecer después.

Y más.

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