¡Claro!

Hoy hablando con mi peluquera, Beatriz, con la que conecto en dos segundos y siempre hablamos de cositas interesantes, he cerrado el círculo de esta semana.

¿Os acordáis de la cena de la sopa?

Pues todo el conflicto que se generó en unos segundos estaba bastante lejos de la maternidad y la crianza exclusivamente.

Es un tema de relaciones personales.

¡Claro!

Es un tema de cómo interactuamos con los demás cuando nos sentimos presionados, saturados, desbordados, tristes…

Y es un tema de jerarquías dentro de estas relaciones.

¡Claro!

Con los niños solemos relacionarnos de una forma claramente jerárquica e incluso de poder. Desde que nacen hasta que…(ufff este es otro tema. A veces es una forma de relacionarse entre padres/madres e hijos que dura toda la vida si no se consigue trabajar bien). Digamos que desde que nacen hasta ‘son mayores’.

Nos hemos acostumbrado a relacionarnos sobre todo con los niños más pequeños ejerciendo tanto poder que a veces casi anulamos su identidad de formas muy sutiles.

Ejercemos tanto poder, tanto tanto poder, en nuestra interacción con ellos que algunas veces cuando se comportan de una manera para nosotros inaceptable les podemos llegar a castigar hasta con un ‘te vas a la cama sin cenar’.

Qué barbaridad, ¿no crees?

Mira hasta qué punto nuestra relación con nuestros hijos es absolutamente jerárquica que les privamos de comida como forma de castigo para que aprendan a comportarse tal y como a nosotros nos viene mejor en cada momento.

Pero, ¿esto lo haríamos con otro adulto?

– Hola cariño, qué tal el día?

– Muy bien. Nos hemos ido de cervezas los compañeros, nos hemos emborrachado y hemos acabado en un karaoke en lugar de volver a la oficina.

– ¿Cómo??? ¡A la cama sin cenar!

No, ¿verdad?

No.

Pero sí.

De lo que hoy me he dado cuenta es de que la emoción es la misma. El impulso inconsciente. La desconexión con el otro. Las expectativas que el otro no cumple.

Pero la frase Gestalt bien lo dice: ‘Yo no estoy en este mundo para cumplir tus expectativas. Tú no estás en este mundo para cumplir las mías’.

Entonces con un adulto hacemos un filtro que no hacemos con nuestros hijos. Porque esa relación de jerarquía y poder no existe. Y cuando existe la reconocemos inmediatamente como una relación de abuso o maltrato.

Pero con nuestros hijos, sin filtro, sin análisis, sin remordimiento incluso algunas veces: estoy sobrepasada, cansada, necesito que cenes rápido, que te duermas rápido, necesito descansar. Y cuando el otro no nos da lo que esperamos, entonces ocurre lo que ocurrió con la sopa. Desconexión.

Con nuestra pareja ocurre exactamente lo mismo, pero con los filtros de adultos establecidos. Los pactos de interacción están asumidos por ambas partes. Llego a casa sobrepasada, cansada, necesito descansar. Pero la expresión es diferente. No hay jerarquía. Buscamos la conexión en el otro para que nos ayude con nuestro malestar.

Y cuanto más te relaciones con tu hijo sin jerarquía impuesta, como si fuera justamente lo que ya es, otra persona con su propio ritmo, con sus gustos y sus rechazos, con su cansancio y su saturación, con su coherencia y sus contradicciones…entonces y solo entonces la conexión vuelve a tener lugar.

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