Es tan difícil algunas veces conectar contigo y tú conmigo…

Me miras llorando buscando la conexión. Pero no estoy.

No comprendo tu NO. Ni tu llanto.

No comprendo porqué no me dejas que te dé yo la sopa. Ni porqué tienes que llorar con tanto desconsuelo cuando simplemente te pregunto si puedo dártela yo.

Pero, claro, la crianza respetuosa no se basa solo en mi pregunta y ofrecimiento tranquilo. Se trata también de darme cuenta y respetar tu respuesta. Tu deseo de comerte la sopa solo, sin mi ayuda. Porque ya sabes hacerlo. Porque quieres sentir tu independencia y tu aprendizaje. Y también quieres demostrártelo a ti mismo. Y a mi.

Pero hoy solo pienso en que estás recién bañado. Con el pijama limpio. Y yo cansada. Y quiero que esto sea hoy algo rápido y práctico y nos tumbemos juntos a leer un cuento. O cuatro.

Pero así elimino tu disfrute. Tu cenar despacio y a tu ritmo. Como te gusta hacerlo. Utilizando la cuchara. O el tenedor. Y también las manos. Ensuciarte en el proceso. Eso es lo de menos. O quizás es lo de más.

Ya lo he visto. La teoría está ahí. Lo difícil es interiorizarla de verdad. Es verlo rápido en cada ocasión. Pero lo he visto. Espero que sea eso lo que cuenta.

Acabas de, en un descuido de un minuto, vaciar media bañera en el suelo del cuarto de baño con un cuenco. No me apetecía ver sopa por toda la cocina. Ya ves, como si eso fuera la importante…

¿Está buena la sopa?

Tí. Me usta.

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