Siempre vuelve la calma

No sé cómo lo haces.

Tu segunda semana en la guarde está costándote más. Me voy y te dejo triste. Juegas sin ganas y te duermes. Sé que te proteges. Por eso te duermes. Te despiertas triste y subo corriendo a recogerte pronto.

La conciliación familia-trabajo no existe. Y si eres autónoma, cuesta más. Y si eres madre sola, cuesta mucho más. Mucho y poco. Porque tengo la libertad -y la ayuda- de parar y subir a abrazarte. Y tú a mi.

Casi 15 meses de trabajar tu independencia. Y tu tranquilidad. De conseguir esa armonía que desprendes. Casi 15 meses de mantener una estricta relación de amor sin ataduras. El apego está asegurado. Tu seguridad sé que está dentro de ti. Tu autoestima y la confianza en ti. Y en mi.

Sé que sabes que estoy aquí. Sé que dentro tienes ya cuanto necesitas para echar a volar. Solo tienes que buscarlo. Obsérvate. Mírate bien. Lo tienes ahí. Lo tienes en ti ya. Te voy a dar el tiempo que necesites. Iremos más despacio a partir de ahora. Repetiremos. Volveremos a mirarnos a los ojos.

Volveré a reconocerte con los ojos abiertos. Y así te verás. Y me verás. Y jugarás con la tranquilidad del que sabe bien que no está solo.

El día ha sido intenso.

Estoy ordenando los últimos coletazos. Y a medida que ordeno, respiro mejor.

El día ha sido intenso.

Y justo cuando ya caía la noche y su silencio, llegáis tu risa y un te quiero inesperado y conecto. Solo conecto.

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