La Guarde.

Esta semana has empezado la guarde. Antes de lo previsto. Mucho antes. Lo previsto era que no fueras. Pero como aprendí ya estando tú ingresado, las expectativas las dejo aparcadas en la medida que pueda. Y vivo lo que nos está ocurriendo hoy. Lo que los dos necesitamos hoy.

Has empezado la guarde y me has sorprendido tanto. Has superado con creces la visión que tengo sobre ti.

Eres más independiente aún de lo que habíamos trabajado juntos. Más independiente de lo que yo percibía. Eres más autónomo de lo que estaba observando. Más libre de lo que esperaba.

Hoy celebro tu Vida, otra vez. 14 meses recién cumplidos y ya sé, otra vez, que estás aquí para romper con mis miedos. El único miedo que tenía antes de estar embarazada y que se duplicó cuando lo estaba y se ha triplicado desde que naciste es tu lugar en el sistema educativo. En este sistema educativo que hemos creado que bloquea emociones y corta las alas de la creatividad. En el que se aprende a decepcionarte con las personas y hasta contigo mismo antes que a hablar inglés.

Celebro lo bien que lo estamos haciendo juntos.

Hoy he estado pensando en lo durísimo que es el primer año de crianza. Físicamente y emocionalmente. Yo soy tremendamente exigente. Y he leído tanto, he visto tantos videos, he consultado a profesionales varios, he pensado en mi propia experiencia profesional… Yo no puedo dejar las cosas en manos del universo. Si me falla el universo, ¿entonces qué?

Me he sentido tan sola tantas veces… Y he tenido mucha gente acompañándome. Pero no. La crianza está dentro de casa y dentro de una misma. Eso no se comparte. El día a día. La ansiedad. El sueño. El hambre. El estreñimiento y la falta puntual de higiene. Las dudas sobre si será mejor así o asá. La necesidad de que alguien me reafirmara en lo que ponía en práctica. Me habría gustado pelearme menos con los demás intentando justificar nuestros pasitos. ¡Qué pesados! Pero, qué menos que hoy, ya superado este primer año, poder soltar un ‘pues no lo hemos hecho tan mal, Luca’. ‘En realidad, lo hemos hecho bastante bien’.

El movimiento libre. La alimentación guiada por ti. El apego. El respeto hacia tu soledad, tu llanto, tus risas y tus silencios.

Esas noches en vela leyendo y leyendo y leyendo. Mirándote e intentando no adelantarme a tu propio ritmo. Intentando ver cómo podía estimularte sin excitarte demasiado mientras tu sistema nervioso se autoregulaba.

No, Luca, no lo hemos hecho tan mal.

Lo hemos hecho bastante bien.

Gracias por responder con tanta complicidad.

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